La inversión de capital en viajes y turismo creció un 8,5% durante 2025 y superó por primera vez el billón de dólares a escala global. El sector aportó un récord de US$11,6 billones al producto interno bruto mundial.
La industria mundial de viajes y turismo alcanzó un nuevo máximo de inversión durante 2025, al superar el billón de dólares destinado a infraestructura, conectividad, desarrollo de destinos y expansión de servicios.
La cifra representa un crecimiento interanual del 8,5% y refleja una mayor confianza de gobiernos e inversionistas privados en el potencial económico del sector, según el informe Economic Impact Research: Global Trends Report, elaborado por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés).
El estudio muestra que el incremento de la inversión ocurrió en un año en el que la actividad turística volvió a crecer por encima del conjunto de la economía mundial. La contribución total del sector al producto interno bruto global alcanzó un récord de US$11,6 billones en 2025, equivalente al 9,8% de la economía mundial.
La actividad turística creció un 4,1% durante ese periodo, frente a una expansión del 2,8% de la economía global. En términos de empleo, sostuvo alrededor de 366 millones de puestos de trabajo, cerca de uno de cada nueve empleos existentes en el planeta, y estuvo vinculada con uno de cada tres nuevos trabajos creados durante el año.
Estados Unidos, China, India y Arabia Saudita reunieron casi la mitad de toda la inversión turística mundial durante 2025. En conjunto, estos mercados movilizaron cerca de US$500.000 millones, impulsados por proyectos de infraestructura, políticas públicas de apoyo, ampliación de la conectividad y una mayor participación del capital privado.
La concentración evidencia que las mayores economías y los países con estrategias turísticas de largo plazo están utilizando el sector como una herramienta para diversificar ingresos, generar empleos y estimular otras actividades productivas.
En Estados Unidos, las inversiones están asociadas con la fortaleza del mercado doméstico y con la realización de acontecimientos internacionales como la Copa Mundial de la FIFA de 2026 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
China, por su parte, mantiene planes de expansión orientados a posicionarse como una potencia turística mundial, mientras que India apuesta por mejorar su conectividad y desarrollar nuevos destinos. Arabia Saudita avanza con su estrategia Visión 2030, que incluye grandes proyectos turísticos y reformas destinadas a atraer capital público y privado.
De acuerdo con el WTTC, estas políticas muestran una relación directa entre la inversión sostenida y la capacidad de los destinos para aumentar su competitividad, captar visitantes y generar nuevas oportunidades económicas.
El impacto de las inversiones no se limita a hoteles, aerolíneas o agencias de viajes. La construcción de aeropuertos, carreteras, sistemas ferroviarios y complejos turísticos también favorece a sectores como la ingeniería, el comercio, la tecnología, la gastronomía y los servicios financieros.
La expansión del turismo puede, además, aumentar la recaudación fiscal y estimular el desarrollo de pequeñas y medianas empresas vinculadas con el alojamiento, el transporte, la producción cultural y las experiencias locales.
España aparece en el informe como uno de los ejemplos de una política turística sostenida. El sector representa el 15,3% de su economía, genera alrededor de US$130.000 millones en gasto de visitantes internacionales y sostiene uno de cada siete empleos en el país.
Las proyecciones indican que la contribución del turismo a la economía mundial podría alcanzar los US$17,1 billones en 2036. El sector también podría generar o respaldar cerca de 89 millones de empleos adicionales durante la próxima década.
Para 2026, el WTTC prevé una contribución cercana a US$12 billones, equivalente al 9,9% del PIB global, y un total de 376 millones de puestos de trabajo. El crecimiento estimado del sector es del 3,2%, por encima del 2,4% previsto para la economía mundial.
El escenario, sin embargo, estará condicionado por la evolución de la inflación, los precios de la energía, la demanda de los consumidores y las tensiones geopolíticas. También aumentará la presión para que las nuevas inversiones incorporen criterios de sostenibilidad, gestión responsable de los destinos y beneficios económicos para las comunidades receptoras.



