Una nueva investigación consultó a más de 2.500 adultos de Estados Unidos sobre las reglas —escritas y no escritas— de convivencia durante un vuelo.
Viajar en avión implica compartir durante varias horas un espacio cada vez más reducido con decenas o cientos de desconocidos. Y si bien las aerolíneas establecen algunas reglas, buena parte de la convivencia a bordo depende de una serie de códigos informales que no todos los pasajeros interpretan de la misma manera.
Una nueva encuesta realizada por YouGov para el sitio The Points Guy (TPG) entre más de 2.500 adultos de Estados Unidos buscó justamente conocer dónde están hoy esos límites. El resultado muestra cierto deterioro en la percepción del comportamiento a bordo: el 42% considera que la etiqueta de los pasajeros empeoró durante los últimos cinco años, frente a apenas un 11% que cree que mejoró.
Aunque el estudio corresponde al mercado estadounidense, muchas de las situaciones relevadas —ruidos, reclinación de asientos, cambios de ubicación o pasajeros que intentan bajar antes que los demás— forman parte de debates habituales en vuelos de cualquier región.
No son los pasajeros que se quitan los zapatos ni quienes reclinan excesivamente sus asientos quienes ocupan el primer lugar entre las molestias: el 27% señaló como comportamiento más irritante las conversaciones demasiado fuertes y la reproducción de música, videos o contenidos del teléfono sin auriculares.
En segundo puesto aparece reclinar excesivamente el respaldo o hacerlo sin advertencia, mencionado por el 21%, mientras caminar descalzo o quitarse los zapatos fue elegido por el 8%. Para compensar, un 12% afirmó que ningún comportamiento de otros pasajeros le resulta particularmente molesto.
El consenso es menor respecto de las llamadas. El 40% considera que las aerolíneas deberían prohibir las llamadas telefónicas o videollamadas durante los vuelos, mientras que el 33% se opone a una prohibición de ese tipo.
¿Se puede reclinar el asiento?
Pocos asuntos generan tantas discusiones entre viajeros. La encuesta muestra, sin embargo, una posición relativamente moderada. El 51% considera aceptable reclinar el asiento en clase económica siempre que antes se compruebe qué está haciendo el pasajero ubicado detrás; otro 21% considera que puede reclinarse libremente después del despegue y solamente el 10% cree que el respaldo nunca debería reclinarse.
Otra de las normas informales más repetidas entre viajeros frecuentes sostiene que quien ocupa el incómodo asiento central debería disponer de los dos apoyabrazos.
La encuesta demuestra que ese código está lejos de ser universal. Apenas el 11% considera que los dos apoyabrazos deben pertenecer automáticamente al pasajero del medio.
El 31% sostiene que deberían compartirse equitativamente entre todos, mientras otro 20% considera que el pasajero central debería tener prioridad, aunque sin apropiarse necesariamente de ambos. Un significativo 26% directamente no sabe cuál debería ser la regla.
Algo parecido ocurre con el cambio de asiento. El 44% no considera descortés pedirle a otro pasajero intercambiar ubicaciones, frente al 34% que sí lo considera una falta de educación. La diferencia importante, advierte TPG, está entre pedir el cambio y asumir que el otro pasajero está obligado a aceptarlo, especialmente cuando ese asiento pudo haber tenido un costo adicional.
Donde aparece uno de los consensos más fuertes es al momento de desembarcar: el 65% sostiene que los pasajeros deberían abandonar el avión fila por fila, comenzando por la parte delantera. Solo el 10% considera correcto avanzar por el pasillo aprovechando cualquier espacio disponible y otro 9% cree justificable adelantarse cuando se dispone de poco tiempo para realizar una conexión.
También existe una mayoría, aunque menos contundente, respecto de la ventanilla: el 51% considera que quien ocupa ese asiento debería decidir si la persiana permanece abierta o cerrada, mientras un 28% cree que la decisión debería consensuarse entre quienes comparten la fila.
Incluso la vestimenta parece haberse relajado definitivamente. El 72% prioriza la comodidad: un 38% considera apropiado llevar cualquier ropa confortable y otro 34% acepta prendas deportivas o informales (por las dudas, solo el 1% considera adecuado viajar en pijama).
Uno de los resultados más reveladores aparece cuando se pregunta quién es responsable del deterioro de la convivencia. El 52% señala directamente a los propios pasajeros, mientras solo el 8% responsabiliza a las aerolíneas y sus políticas y otro 8% apunta a las redes sociales y los influencers.



