La eventual visita pontificia empieza a generar expectativas en la región, especialmente en Perú, Argentina y Uruguay, países mencionados en distintas versiones como posibles escalas de una gira hacia fines de 2026.
Aunque el Vaticano todavía no confirmó oficialmente el itinerario, autoridades eclesiásticas uruguayas señalaron que existe una “alta probabilidad” de que el viaje se concrete en noviembre, en una gira que también incluiría a Perú y Argentina.
El mayor impacto turístico se proyecta en Perú, país con el que el pontífice mantiene un vínculo directo. Antes de llegar al Vaticano, Robert Prevost desarrolló parte importante de su vida pastoral en territorio peruano y fue obispo de Chiclayo. La Conferencia Episcopal Peruana había señalado que una visita al país podría producirse en noviembre o en la primera semana de diciembre, con una parada muy probable en Chiclayo.
Ese vínculo ya comenzó a traducirse en producto turístico. Perú promueve la Ruta del León, un circuito asociado a la historia del papa en el país, con atractivos en regiones como Lambayeque, Piura, Callao y La Libertad. La propuesta reúne iglesias, santuarios y espacios culturales y naturales, y busca combinar devoción, patrimonio, gastronomía y experiencias locales.
Para el turismo sudamericano, una gira papal puede generar efectos inmediatos en hotelería, transporte, gastronomía, operadores receptivos y comercio local. También puede fortalecer circuitos de turismo religioso que permanecen activos después del evento, especialmente si los destinos logran organizar los flujos, diseñar recorridos temáticos y articular promoción con comunidades locales.
El desafío será evitar que la visita se limite a un pico puntual de demanda. Si la agenda se confirma, Perú, Argentina y Uruguay tendrán la oportunidad de convertir la llegada de León XIV en una plataforma de visibilidad regional para el turismo de fe, la cultura y los destinos vinculados a la historia reciente de la Iglesia latinoamericana.



