El Gobierno español autorizó la compra del 26,5% de Air Europa por parte de la aerolínea turca, una inversión estimada en 300 millones de euros. La operación todavía necesita el visto bueno de la Comisión Europea.
El desembarco de Turkish Airlines en el capital de Air Europa dio esta semana un paso decisivo: el Consejo de Ministros de España aprobó la adquisición de una participación del 26,5% por parte de la aerolínea turca, una operación valuada en torno a los 300 millones de euros y que ahora queda a la espera de la evaluación de Bruselas.
Según la información publicada en España, la autorización del Ejecutivo llega tras el informe favorable emitido el 19 de mayo por la Junta de Inversiones Exteriores (Jinvex), el organismo que revisa las inversiones extranjeras en sectores considerados estratégicos. El trámite cumple con la normativa española que exige autorización administrativa cuando un inversor no comunitario supera ciertos umbrales de participación en compañías clave.
Con esta compra, Turkish se convertiría en el segundo accionista de Air Europa, detrás de la familia Hidalgo, que mantendría el 53,5% del capital, y por delante de IAG —matriz de Iberia—, que posee el 20%. El acuerdo fue anunciado en agosto del año pasado y, de acuerdo con las fuentes citadas, quedó cerrado en noviembre.
Más allá de la ingeniería societaria, la operación vuelve a colocar en primer plano una disputa que en el fondo es aeropolítica y comercial: quién lidera el puente aéreo entre Europa y América Latina.
Air Europa es un actor relevante en el largo radio desde Madrid-Barajas, especialmente en rutas hacia América Latina, y por eso su control accionario ha sido un tema sensible durante años. IAG intentó adquirirla en 2019 y volvió a la carga con una segunda oferta, pero ambas operaciones naufragaron ante las exigencias de competencia de la Comisión Europea por el solapamiento entre Iberia y Air Europa.
Ahora el tablero cambia: Turkish entra como socio minoritario —sin aspirar al control— y desplaza a otros potenciales interesados que habían orbitado la negociación, como Air France-KLM y Lufthansa, que se habrían retirado por desacuerdos con los Hidalgo sobre precio y porcentaje a adquirir.
Para el turismo latinoamericano, cada movimiento en el hub de Madrid tiene efecto dominó sobre conectividad, tarifas, competencia y capacidad hacia y desde la región. Si el acuerdo avanza, Air Europa ganaría un socio con una red global consolidada y un hub potente en Estambul, mientras Turkish sumaría una plataforma en el Mediterráneo occidental con proyección hacia América.
La aprobación española, de todos modos, no es el final del camino. La Comisión Europea debe pronunciarse sobre la operación, tanto por reglas de competencia como por la revisión bajo el reglamento europeo sobre subvenciones extranjeras que puedan distorsionar el mercado interior.
En este caso hay un elemento que suele encender alarmas: Turkish Airlines tiene la participación de un 49,12% del Estado turco. Aun así, la autorización española se encuadra en una lógica distinta a otros precedentes recientes: Turkish no podría superar el 50% del capital de una aerolínea comunitaria por las normas de propiedad y control que resguardan la mayoría en manos de inversores de la Unión Europea.
Fuentes cercanas a la operación citadas en España señalan que los permisos en Bruselas “están bien encaminados”, aunque el calendario dependerá del análisis comunitario.



