El nuevo auge se ve impulsado por la demanda de itinerarios más personalizados y menos “turísticos”, además de apoyo ante contingencias.
En plena era del autoservicio, las reseñas infinitas y los planificadores con inteligencia artificial, el agente de viajes —rebautizado en muchos mercados como “travel advisor” o asesor de viajes— está viviendo un retorno que contradice el relato de su obsolescencia. Un artículo del Wall Street Journal sostiene que cada vez más viajeros están optando por asesoría humana para diseñar vacaciones “a medida”, acceder a beneficios y simplificar la logística, especialmente cuando se trata de viajes complejos o de mayor presupuesto.
El fenómeno no se explica solo por el “lujo”. Según el reporte, los viajeros buscan salir de los circuitos típicos y, al mismo tiempo, reducir la carga de decisión que supone armar un itinerario desde cero: demasiadas opciones, opiniones contradictorias y cambios de último minuto. En ese contexto, el valor del asesor aparece en lo práctico: gestionar traslados, coordinar guías locales, conseguir upgrades o resolver problemas cuando algo sale mal.
El diario cita estimaciones de la American Society of Travel Advisors (ASTA) que apuntan a un crecimiento relevante del negocio: los ingresos del sector se proyectan en US$ 134,4 mil millones en 2026, un 17% más que en 2023.
En paralelo, el número de agentes/asesores también habría dado un salto: el reportaje menciona que el total subió a 310.000 en 2025, desde 190.000 en 2024.
En documentos de la propia ASTA, la organización también destaca una trayectoria de crecimiento y proyecciones al alza para las ventas de agencias en los próximos años, además de expectativas de expansión del empleo de asesores de viaje hacia la próxima década.
Una de las conclusiones del reportaje es que la IA puede ayudar a inspirar rutas, ordenar preferencias o proponer borradores de itinerarios, pero todavía enfrenta límites operativos: disponibilidad en tiempo real, cambios de tarifas, reglas específicas por proveedor y, sobre todo, el “networking” del sector (contactos, beneficios y gestiones de excepción) que suele destrabar mejoras y soluciones.
En ese espacio aparece el asesor como “curador” y “gestor”: es decir, alguien que filtra opciones, anticipa fricciones y responde cuando el viaje se complica.
El auge también estaría empujado por una renovación del oficio: plataformas y agencias “host” facilitaron que nuevos asesores ingresen con capacitación, herramientas y acceso a la infraestructura comercial, a cambio de una parte de las comisiones.
Para América Latina, donde conviven mercados muy digitalizados con otros aún altamente presenciales, la tendencia indica que en viajes de larga distancia, multipaís, grupos, experiencias premium o turismo de reuniones, el valor del “humano” vuelve a ganar terreno. Contribuye al fenómeno la mayor complejidad en la planificación: rutas con múltiples conexiones, variaciones de tarifas, requisitos de ingreso cambiantes y un viajero que combina experiencias en un mismo itinerario.


